Doctora, por favor, escúcheme

La oreja, herramienta terepeútica de primer nivel. Efectiva, eficiente y eficaz. Insuperable en cualquier análisis de coste-eficiencia y coste-utilidad. Además tenemos dos.
La oreja, herramienta terapéutica de primer nivel. La Escucha Activa es efectiva, eficiente y eficaz. Insuperable en cualquier análisis de coste-eficiencia y coste-eficacia. Además tenemos dos.

Sentarse en el lado del paciente es el mejor aprendizaje para cualquier profesional que trabaje en el sistema sanitario. Cinco minutos de consulta como paciente te enseñan tanto como horas y horas de estudio sobre escucha activa y humanización de la atención sanitaria. Todos los que trabajamos en sistemas sanitarios deberíamos colocarnos al otro lado de la mesa, del control o en la camilla y sentir en nosotros mismos algunas actitudes para darnos cuenta del efecto que tienen en las personas que atendemos. El otro día tuve una cita médica y expresé una preocupación. Hay algo que me agobia, me asusta, me preocupa…

Tengo un miedo (tengo muchos, pero hablemos de este hoy).

¿Qué es el miedo? ¿Es una respuesta racional? ¿Es algo lógico? ¿Es igual para todos? Tus miedos y mis miedos son muy distintos. Me subo en una montaña rusa y paso verdadera angustia, no puedo abrir los ojos y mis manos se aferran a la barra cual Mofli el Koala. Tú, sin embargo, te mueres de risa, sientes el cosquilleo, la velocidad, la emoción… Yo, por el contrario, siento miedo. Tengo miedo a las montañas rusas y tú me explicas que son muy seguras, puedes enseñarme gráficas, estadísticas, visitar el cuarto de mandos… ¿se me va a quitar el miedo? Difícilmente.

El miedo no es racional y no se alivia con información.

Pero quizá, si además de contarme todo eso, te sientas a mi lado en la montaña rusa y me das la mano, puede que lo pase menos mal. Quizá, si me dices que respetas mi miedo, me sienta un poco más relajada. Quizá, reconocer mi miedo es en sí mismo algo muy valiente y, al valorarlo, me vas a ayudar a sentirme mejor. Puede que el miedo se haga un poco más pequeño y salga aliviada de nuestra visita al parque de atracciones.

El otro día, al expresar mi miedo, recibí datos. Mi compañera médica me dio dos datos súper contundentes, tan contundentes que no quise expresar ningún miedo más porque igual es que soy tonta de remate y mejor que no se note, ¿no? Me sentí mal con la respuesta, además de cagueta parece que soy lela. Me quedé pensando. Los datos ya los sabía, ¿por qué pregunté?, ¿qué respuesta me hubiera ayudado a sentirme mejor? Mi compañera médica no podía darme otra información, pero, ¿podría haberme preguntado qué información tenía sobre ese miedo antes de lanzarme datos irrefutables?, ¿podría haber reconocido que mi miedo no es algo extraño o idiota? ¿podría haberme preguntado algo más, qué es lo que, en el fondo, me da miedo? Podría haber negociado conmigo, por ejemplo, ¿te quedarías más tranquila haciendo esto o lo otro?

Seguramente ella lo hubiera hecho distinto si me hubiera escuchado. Si hubiera oído lo que, escondido en forma de pregunta, yo le estaba diciendo. Estaba diciendo: TENGO MIEDO. ¿Cuántas veces habré respondido yo igual, ufana con mis datos, sin enterarme de lo que realmente me estaban diciendo? Cuántas veces respondemos a la angustia con datos, informes o extrañeza. El miedo no tiene ningún sentido lógico, pero eso no lo hace menos real o menos importante. ¡Qué importante es escuchar con el corazón más abierto, con empatía, sin juzgar! Qué difícil hacerlo en consultas de cinco minutos, pero qué importante.

El otro día aprendí que a la angustia no se le responde con datos. Espero que mi doctora, la próxima vez, me escuche.

2 thoughts on “Doctora, por favor, escúcheme

  1. Muy bien Paloma, cuando dices lo de responder con comprensión más que con datos, se me viene a la cabeza el discurso de Chaplin en el Gran Dictador, cuando dice que más que la inteligencia lo que el ser humano necesita desarrollar es la compasión y la empatía. Totalmente de acuerdo.

  2. Es bastante tranquilizador saber que algunos médicos, como es el caso de la Dra. Navas, se interesan por lo que un paciente pueda sentir en una situación de consulta. Digo esto porque pareciera que, en la dupla que conforman profesional y paciente, el “papel principal” suele recaer sobre el primero. Se supone que él va a saber qué es aquello que a la persona le pasa y qué es lo que tiene que hacer para sanar, después de obtener cierta información. Esta premisa, creo que en parte provocada por un endiosamiento del profesional del que todos somos responsables, suele dar lugar a una entrega absoluta por parte del consultante (« me pongo en sus manos »). Siendo esto así, debería ser un ejercicio de responsabilidad ética que el médico se esforzase por romper esta barrera imaginaria: la persona que acude a consulta, en especial cuando acude aquejad@ de síntomas graves (objetiva o subjetivamente), se encuentra en una posición de vulnerabilidad que necesita ser reconocida y entendida como tal. Es decir, en mi opinión, cuando un profesional recibe a un paciente tendría que prevalecer, al menos en un primer momento, el trato sobre el tratamiento.
    Como psicoterapeuta, es un lugar común escuchar en nuestros pacientes, al relatar una visita médica o psiquiátrica, algo del estilo de: ” En los 10 minutos que estuve con él/ella, ni me miró. No despegó la vista del ordenador. Sólo me hizo preguntas, pero no me dejó explicarle… me fuí con la sensación de no haber podido transmitir lo que realmente me preocupaba “. Tapar la boca a base de datos y estadísticas soluciona o suaviza la angustia del profesional, no la del paciente.
    Gracias Paloma por la sensibilidad y la cercanía que se desprende de tus escritos y conferencias, estoy convencido de que tus pacientes deben sentirse contigo en un ambiente de seguridad y confianza. Ojalá podamos volver a leerte pronto. Un saludo!

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